DESPERTANDO AL DIABLO – De Sonia Crespo, Galapagar (Madrid)

*DESPERTANDO AL DIABLO*:

Juan era una verdadera rata de biblioteca. Se pasaba todo el día allí, devorando todos los
libros que caían en sus manos, pues le encantaba leer.
Un día, cogió un libro sobre satanismo y magia negra. Otro mundo que le encantaba, el
del ocultismo y debido a su carácter gótico, el inframundo le atraía, por lo que lo cogió
prestado y se lo llevó a su casa, para leerlo más tranquilamente.
Se pasaba horas enteras leyendo e incluso no dormía para acabar cuanto antes el libro,
lo que provocó que su novia se fuera de casa, pues no hablaba de otra cosa que no fuera
sobre él.
Un día, leyó en alto una oración al Demonio, lo que hizo que despertara y como no dijo
la segunda para que volviera a dormirse, quedó encerrado en el libro, lo que provocaría
una catástrofe y que Juan también acabaría pagando.
Sin ser consciente de lo que había pasado, devolvió el libro a la biblioteca, lo que
provocó la furia del demonio, pues seguiría encerrado hasta que alguien volviera a
abrirlo.
Cada noche, se oían ruidos extraños que procedían de las estanterías. Era el demonio
quejándose del dolor que sentía atrapado, pero un día el libro se cayó de la estantería y
el ser quedó totalmente libre.
De día, estaba tranquilo, pero al llegar la noche cogía a alguna mujer para llevársela a su
casa y disfrutar de su cuerpo y apoderarse de su alma, lo cual desató la alarma y las
mujeres dejaron de quedarse hasta tarde en la biblioteca.
Al sentir que perdía energías, el Demonio decidió ir a ver a Juan.
—Hola, me has despertado y ahora debes cumplir mis deseos—dijo el Demonio.
El hombre se quedó sin palabras y su rostro mostraba el pánico que sentía.

—No hace falta que digas nada. A partir de hoy debes llevar a la biblioteca una chica y
sino pagarás las consecuencias—terminó diciendo y se fue.
Juan decidió, hacerle caso y llevaría a la biblioteca, a alguna de sus amigas, pero cada
vez que lo hacía, su alma se volvía más negra. Parecía que disfrutaba al ver como el
Demonio hacía el amor con las chicas y las poseía delante de él.

 

Un día, decidió participar, lo cual hizo que el Demonio se alegrase, pues había
conseguido su objetivo de poder poseer su alma.
Juan disfrutaba oyendo gritar a las víctimas, después destriparlas y observar como el
Demonio absorbía sus almas.
Un día, el ser le pidió que llevara a su novia, pues quería convertirla en la reina del
inframundo.
Juan, se negó, pero el Demonio le cogió por el cuello y lo lanzó contra la pared,
desapareciendo.
Para intentar calmar las ganas que tenía el ser de poseer a su novia, llegó al acuerdo de
que le traería chicas vírgenes para así pudiera poseer su alma pura, como prueba de que
iba a cumplir con lo prometido. Le llevó a la hija adolescente de un amigo, el Demonio
quedó satisfecho y tomó posesión de la muchacha, pero en lugar de matarla, la dejó
embarazada, pues tan sólo un alma pura podría darle un hijo.
Durante días, Juan le llevó vírgenes, a las cuales dejaba embarazadas. Cuando tuvo
suficientes, el Demonio se quedó tranquilo, a la espera del nacimiento. Como
recompensa, el hombre podía acostarse con todas las chicas, lo cual hizo, pero eso
traería graves consecuencias para él, pues la novia le dejó cuando recibió los vídeos de
esos encuentros que el Demonio había grabado.
El hombre fue a ver al Demonio para que le ayudara a recuperar a su novia, el ser le dijo
que debía pagar las consecuencias y sería ella quien debería elegir qué hacer.
El hombre aceptó y el día indicado fue a la biblioteca. Allí estaban todas las jóvenes de
parto, pues se habían puesto todas a la vez.
Cada una tuvo a un criminal de entre los más crueles de las novelas de terror. Nada más
dar a luz las chicas, reventaban, dejando todo lleno de sangre y sus vísceras y almas
eran absorbidas por el Demonio, que cada vez era más fuerte.
Los monstruos cogieron a la novia de Juan y le ataron a una de las mesa y cada vez que
Juan se acercaba para desatarla, recibía una descarga que le dejaba medio inconsciente.
El Demonio tomó posesión de la mujer, esta vez la hizo disfrutar, no como con las otras,
quería mortificar al hombre con los gemidos de placer de ella.
Cuando terminó, se la llevó al inframundo y el resto de monstruos fueron a sembrar el pánico por toda la ciudad.
Juan quemó el libro satánico y después se clavó una daga que el Demonio había dejado
sobre la mesa, en el estómago, cayendo al suelo y muriendo desangrado.
Su cuerpo fue devorado por un montón de pequeñas criaturas demoníacas, quedando
sólo los huesos.
Desde ese momento, la biblioteca quedó maldita y cada noche se oían los gemidos de la
mujer y los gritos desesperados de Juan.
Nadie se atrevió a entrar más en la biblioteca, por lo que quedó abandonada y los libros
eran testigos mudos de esos hechos que martirizaron las almas de esa pareja que por un
error quedó maldita para siempre.

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