El INQUILINO – De Antonio Carpi (Lleida)

Eran las 8 de la tarde cuando llegué a mi casa tras una dura y estresante  jornada de trabajo. Abrí la puerta pensando en qué podría cenar, no tenía hambre y sólo me apetecía tumbarme en el sofá y leer a Poe.

Cuál fue mi sorpresa al comprobar que la luz de mi habitación estaba encendida, esta mañana he salido con prisas y seguramente se me habría olvidado apagarla.

La reunión de trabajo había durado hasta las 7 y media y me había dejado exhausto, en los últimos minutos me pareció ver doble a mi jefe y oír al interlocutor de la otra empresa hablar con la voz del Pato Donald.

¿Me estaré volviendo loco?, no creo, demasiado estrés para una sola jornada laboral, necesito un descanso, creo que ni cenaré.

Avancé sigilosamente por el pasillo encendiendo todas las luces, básicamente para no chocarme contra las paredes, la luz de mi habitación estaba encendida y eso no preocupaba a mi cerebro que ya me había dado las órdenes de tranquilidad. Las prisas, las mañanas, cosas que pueden pasar.

Cuando llegué a mi estancia me vi a mi mismo sentado en mi silla, revisando mi mail en el PC.

Fue la peor de mis pesadillas, ¿nadie se ha imaginado la reacción que tendría si se viese a sí mismo?

El hombre que era yo, pero que no era yo se giró y se levantó como un resorte de la silla:

—¿Qué hace usted en mi casa?¿Quien es usted?¿Por qué se parece tanto a mí?

—¿Qué hace usted en mi casa? —dije yo sin mucho convencimiento.

—No señor, esta es mi casa, váyase de aquí o llamaré inmediatamente a la Policía.

Mi primera reacción fue ir al armario donde guardaba las escrituras de la casa, y cuando vi el nombre me tranquilicé un poco, pero solo un poco, todo aquello era surrealista.

—Lo ve, ¿ve el nombre?, yo soy Jordi Méndez Puig, y soy el dueño de esta casa.

Mi clon ni se inmutó, saco la cartera de su bolsillo trasero del pantalón y me enseño su D.N.I. Jordi Méndez Puig, soy yo, no sé que hace aquí, váyase o llamo a la Policía.

Con las manos temblorosas, extraje mi cartera del abrigo para demostrarle que yo era Jordi Méndez Puig y sí salía mi foto, pero en el documento ponía Carles Serra Pérez. Empecé a ver todo borroso, la habitación se movía, mi clon se movía y acabé desmayándome, me desplomé en el suelo como un saco de patatas.

Cuando desperté había dos paramédicos y dos agentes de los Mossos d´Esquadra. Me vi a mi mismo explicándoles el caso a los agentes, un agente le preguntaba si éramos gemelos y habíamos tenido algún tipo de rencilla familiar. Tampoco entendían muy bien el caso, pero los papeles y los documentos no jugaban a mi favor.

Cuando me recuperé un Mosso me dijo:

—Señor Serra, tendrá que acompañarnos.

—¿No me irán a  detener por esto? soy el dueño de la casa, ese hombre me ha robado la identidad.

—De momento acompáñenos, le llevaremos al Hospital Psiquiátrico de Santa María.

Fue entonces cuando me revolví desesperado, me tuvieron que reducir por la fuerza, y me inyectaron un sedante.

Después no recuerdo nada, los párpados me pesaban, las extremidades no me respondían, entré en un túnel que se hacía cada vez más negro y al final oscuridad total.

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