EL RÍO – De Mercedes Palmer (Palma de Mallorca)

Ya desde niño me inquietaba el río que fluía silencioso bordeando la linde del bosque, detrás de nuestra casa. Su curso era lento, su cauce llevaba aguas muertas, tan densas, que a la luz de la tarde parecían sangre coagulada. En sus orillas la atmósfera era insana, el aire estancado olía a moho y podredumbre; en aquel paraje las ramas de los arboles eran como sarmientos, y allí estaba aquel sauce reseco, que inclinado sobre el agua se balanceaba como la cabellera de un ahorcado.

Sí, el río me daba mucho miedo, me parecía perverso su lento discurrir sin ruido, no como el mar, que ruge y se enfurece, se revuelve, choca contra el rompiente esparciendo la espuma de su furia; el mar ataca de frente. Sin embargo el río es solapado, sus aguas se deslizan en un vaivén que mece con un arrullo hipnótico, mientras en el fondo se abren abismos como tumbas y el agua fatigosa arrastra el espanto.

M.P.

12/07/2019

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