HISTORIA DE UNA REFUGIADA – De Roser Velasco (Lleida)

Mi nombre es Sofía, me encuentro junto con mi marido en frente de un muro de alambres y pinchos, no sé cuánto tiempo ha pasado desde que salimos del pueblo.
En la boda de mi primo Jacob lo decidimos,¿ por qué no nos casamos nosotros? Con el dinero que reunamos nos vamos a España.
A mi novio Lucas le daba todo igual, desde aquel día que volviendo de clase y se encontró la casa derruida con su familia dentro,(maldita guerra) no ha levantado cabeza. Yo intento darle soluciones, cada día seme ocurre una, Él me mira con su media sonrisa y no dice nada.

La idea de la boda no le pareció mal,- contad de huir de las bombas lo que sea- me dijo. A mi padre le pareció bien, a mi madre enferma de cáncer la convencí diciéndole: en cuanto llegue a España lo preparo todo para que puedas viajar, dicen que tiene buenos hospitales y acogen a “todo el mundo” ¡te curaran¡ y recordaremos esta guerra maldita como una cosa del pasado.
Me puse a preparar el viaje, pedían mucho dinero los que lo organizaban, pero con la ayuda de toda la familia lo conseguimos.
De madrugada nos metieron en una furgoneta; no sé cuánto tiempo estuvimos viajando por caminos infernales, llegamos una noche de no sé qué día, nos hicieron entrar en un cobertizo donde esperaban más personas tirados en camastros, hacían la misma pinta que nosotros, agotados y con caras de miedo. Allí pasamos varios días, supuse que esperaban a llenar el barco, de la estancia, mejor no recordarlo.
Mi marido continuaba ausente, yo apenas dormía por miedo a que me robaran lo poco que nos quedaba, me mantenía con fuerzas pensar que al llegar a España todos mis problemas y pesadillas habrían acabado.
Solo pensaba en mi madre, la curarían y viviríamos tranquilos. Mi padre regentaba un colmado, al marcharme me dijo: yo no me moveré de aquí, intentare salvar la tienda para cuando vuelva tu hermano.
Mi hermano un patriota, (sobre todo la Patria) ¡¡ si hay que morir se muere ¡¡ decía.
Se quedo en la escalinata de la mansión del salva patrias viendo como huía por la puerta de atrás con el coche oficial cargado de dólares.
A mi madre la enterraron hace dos meses, estoy embarazada, me horroriza pensar que mi hijo acabe como todos los que están aquí, sin familia, sin ir a la escuela. Con los pies en el barro y las manos bacías. Mi marido sigue sin decir nada, me mira con su media sonrisa mientas le bajan las lagrimas por la cara.

13 – 7 – 2018

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