TWIRICH: EL PUEBLO MISTERIOSO – De Dani Barbado Carpi (Andorra)

TWIRICH: EL PUEBLO MISTERIOSO.

Alan, 25 de Noviembre de 1677,

Corrían malos tiempos en la granja. Ahora papá me mandaba cada mañana a vender la mejor leche de las vacas. Nos estábamos quedando casi sin alimento varios días para ahorrar y comprarnos una buena granja en el pueblo. Ese día no quería ir. El día estaba oscuro y nublado. Cargué los cubos de leche en el burro, y me dirigí hacia el pueblo.
El pueblo era grande y bonito, con vacas y ovejas por todos lados. Los aldeanos siempre me miraban mal. No les gustaban los forasteros. Solamente por una absurda leyenda urbana. Cuenta la leyenda que un día vino un extranjero a negociar. Dijo al mejor comerciante que le daba 1 litro de leche fresca por sus mejores tomates. Evidentemente, el comerciante dijo que no y hubo una larga discusión. Al final, derrotado, el extranjero se fue pero soltó una amenaza : Volveré con más.
No conseguía ver el camino. La niebla lo tapaba. Yo iba seguro de mí mismo. Me sabía el camino de memoria. Pero de pronto, divisé algo en la niebla. Era un cartel viejo y oxidado. Me sobresalté porque parecía una silueta. Me acerqué más y vi que, en el centro, con letras oscuras en mayúsculas ponía: Twírich.
Me asusté. Era el cartel que te encuentras cuando entras en un pueblo. No podía ser. Me quedé pensativo unos segundos. Al final decidí cruzarlo, porqué seguramente habría cogido el camino largo.
El pueblo era lúgubre y fantasmagórico. Parecía un pueblo fantasma. Las calles estaban vacías, y tampoco había ningún carro. La mayoría de las casas eran blancas. Solo se oía los silenciosos rebuznos asustadizos en medio del pueblo. Muchas casas estaban tapiadas y abandonadas. Aceleré el paso, no quería estar más tiempo ahí. Vi un cartel que decía que a unos metros estaba la plaza mayor. Yo ya  imaginaba un poco como sería.

La plaza mayor daba aún más miedo. Había una fuente sin agua, las casas estaban más juntas y formaban un círculo dejando una pequeña calle, la salida. Por fin saldría de ese maldito pueblo, pero no. En una esquina, en una de esas casas parecía que había una luz. Como me iba el corazón a mil, ya me daba igual todo. Me acerqué para preguntar dónde estaba el pueblo. Pero, cuando me aproximé a la casa vi que era un bar.
Era un bar de esos de los pueblos. Con los animales disecados, con los camareros en la barra, y típicos borrachos. Era increíble. Me estaba volviendo loco. No sabía qué hacer, si acercarme o no. Y, en ese momento me desmayé. Recuerdo caerme al suelo y al instante cerrar los ojos. Lo peor era donde me iba a despertar.
Cuando desperté estaba en un banco de la plaza. Un señor de mediana edad y un anciano me miraban con una sonrisa maliciosa. Había mucha gente mirándome. De repente el anciano dijo:
-Nos encantan los visitantes.- y se rió. Todo el pueblo se echó a reír. Empecé a llorar del miedo. De repente cerré los ojos y los volví abrir. Volvía a estar en la fatídica plaza, y ya no había nadie en la casa. Subí al burro y me dirigí a esa calle. Cuando se me calmó el susto, abracé al animal. Lo que estaría sufriendo. Giré una calle a la derecha y frené. Había una calle interminable que bajaba hasta abajo. Empecé a notar calor en mi cuerpo. Cerré los ojos para secarme los ojos y cuando los abrí esa misma calle estaba poblada. De repente era un día de verano. Había niños jugando en la calle, ancianas con sillas en las puertas de sus casas hablando con sus vecinas, ovejas yendo a pastar. Una pelota de un niño me rozó la pierna. El me la pidió. Estaba tan estupefacto que no tenía miedo. Le pasé. Era una pelota tan ligera que casi se la embarco. El muchacho vino y me temí lo peor.
-Gracias.- dijo. Le miré la cara y me pareció familiar. Evidentemente, ese niño tenía la cara igualita a mi padre de pequeño. Era igual. Me sobresalté cuando me dijo:
-Hijo, me piensas contestar.- Tenia la voz de mi padre. Pegué un chillido ensordecedor.

De repente, así como así volvía a estar en esa calle. Me subí al burro otra vez y arrancamos. Se notaba que los dos teníamos miedo. Le di agua al burro mientras corría. Estaba totalmente seco. Escuché un ruido detrás de mí y me giré. Me salió instantáneo. Detrás había unos niños siguiéndome. Esta vez no note nada raro en el ambiente. Corría cada vez más. Al final me adelantaron y me dijeron.
-Váyase del pueblo, por favor.- Me dijo con mirada asesina. Yo quería decirle que eso era justo lo que quería. Uno de esos niños le estiró la cola al burro. Este se asustó y se cayó. Me desmayé. Mientras cerré los ojos vi mi rodilla pelada, y uno de esos niños me susurro:
-Os advertimos, volveremos con más.- No quería volverme a dormir. Hice el esfuerzo máximo para levantarme y cuando me levanté mi cuerpo reaccionó de la mejor manera. Pegué un chillido desgarrador. Los niños se rieron y se marcharon corriendo. Me subí al burro que ya estaba marchando. Corrimos varios metros hasta dejar el pueblo lejos. Me giré para ver si había más niños. Esta vez había una persona en la entrada del pueblo. Estaba tan lejos que no conseguí ver si era hombre o mujer. De su lado vino un burro y la persona lo acarició. Quería irme ya.
Me quedé de piedra. No estaba mi burro. Volví a mirar a la persona y me saludó. Esta vez le pude ver la cara. Era el viejo de antes, de la plaza. Escuché unas voces delante de mí. De repente se me quitó todo el estrés. Ahí mismo estaba mi granja y mi padre y mi familia saludándome y con cara de preocupados. Hice la carrera de mi vida y corrí hacia ellos, pensando si explicarles el fenómeno que me acababa de pasar.

Fin.

Al cabo de unos años, Alan volvió a ver Twírich, pero esta vez no entró. Su familia no  le creyó en la vida. Pensaron que era una excusa para no ir más a vender leche. Pero por dentro Alan sabe que todo eso fue real.

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